"No hay que bañarse antes de las tres..."
Eso nos decían en el campos a los
primos cuando las temperaturas de
Pringles daban para bañarse en la pileta. Eran días soñados en los cuales salíamos corriendo con esas horribles salidas de baño rojas y los skipings con su hebilla lacerante, algún día me voy a despachar con párrafos en el blog de los primos.
La explicación científica habla de que el intenso trabajo sanguíneo que representa la
digestión no debe coincidir con el requerimiento abundante de sangre que hace el cuerpo cuando se enfrenta a frías aguas y recreación violenta.

El sábado en Cordoba terminábamos de almorzar suculento y las madres nos consultaron pidiendo nuestro beneplácito para definir la oportunidad de que los niños acudieran a la
recién inaugurada pileta de los Pincemin - Curuchet. Gabriel, que no tiene un pelo... de tonto, pontificó con la frase que titula este post y lo apoyé tímidamente en su recomendación.
Como buenas mujeres, preocupadas por mantener la salud y la paz de su prole, nuestras esposas hicieron justamente...
¡Lo contrario!Consecuencia: vómitos en dos ocasiones para la prima mayor Rochi, una diarrea explosiva e incontenible para Inés y el dulce sabor de la venganza en el adusto rostro de Gabriel. ¡Impagable!
Ya saben mujeres mordernas: hagan caso a la sabiduría.