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¿Ad quid venisti?

Sigo leyendo de a esfuerzos de voluntad, no soy bueno para la lectura espiritual, el libro de la Montée au Calvaire. Lectura obligada para la Cuaresma, pero que esta vez alargo un poco más y tengo firme intención de leer en serio hasta el final robándole unos minutos a la noche cada día.

Me traigo tres cosas para desarrollar más tarde: la primera es la caída de Cristo en el Huerto de los Olivos. Es una vieja tradición perdida que dice que los soldados temerosos de un reagrupamiento de los apóstoles y vivamente impresionados por el milagro obrado por Jesús en la oreja de uno de sus colegas echaron pies en polvorosa arrastrando al Cordero a la carrera, carrera que se vio interrumpida por una violenta caída que marcó una de las rodillas de Jesús. Primera caída de las cuatro de la Pasión.

El segundo tip notable es el Ángel consolando a Cristo durante la Oración en el Huerto. Ese ángel consolador que bajo distintas formas todos vamos a tener en nuestro lecho de muerte. Los más felices lo van a ver en caras familiares, pero es probable que otros lo vean como un extraño o un sacerdote apurado porque lo esperan en la cama de al lado.



La tercera referencia es la que marca el título de esta entrada: Judas entrega con un beso a su Maestro y en ese beso está la traición de todos los sacerdotes de la historia. Judas era uno de los apóstoles, uno de sus elegidos, consagrado por el envío a misionar y que según la tradición era de los más instruidos de los doce. En ese beso especialmente están las traiciones tan actuales de los sacerdotes pederastas, Dios les dio en sus manos consagrar su Cuerpo y su Sangre y ellos las usaron para atribuirse las mismas codenas que Cristo midió como “más le valiera atarse una piedra al cuello y arrojarse al mar”.

¡Cuantas cosas para pensar sobre estos tres detalles!

Posesiones en la Pasión

Algo en lo cual coinciden distintos textos cuando se refieren a la Pasión es en el hecho de que muchos de los torturadores o sus actos son influencias directas o posesiones del Demonio
Empieza el trayecto a través del arrabal de Ofel, ese arrabal donde tanto bien y tantas caricias Él ha distribuido. La turba vociferante atrae a las puertas a los que duermen, y, si las mujeres gritan movidas por el dolor y, aterrorizadas, huyen al ver lo que ha sucedido, los hombres, esos hombres que incluso han recibido de Él curación, ayuda, palabras de Amigo, o bien agachan la cabeza con indiferencia, fingiendo desinterés al menos, o bien pasan de la curiosidad al livor, a la burla, al gesto amenazador, e incluso se ponen detrás del tropel de gente para vejar. Satanás está ya actuando...
Un hombre casado* que quiere seguirle para vejarlo, es aferrado por su mujer, que grita, que le grita: «¡Miserable? Si estás vivo es por Él, inmundo hombre lleno de podredumbre. ¡Recuérdalo!». Pero el hombre se impone a la mujer golpeándola brutalmente y arrojándola al suelo, y luego corre hasta donde el Mártir contra cuya cabeza lanza una piedra.
Otra mujer, anciana, trata de cortar el paso a su hijo, que viene con cara de hiena y con un palo, para golpear también a Jesús, y grita a su hijo: «¡Asesino de tu Salvador no serás mientras yo viva! ». Pero la pobre, alcanzada en la ingle por una patada brutal de su hijo, se desploma gritando: «¡Deicida y matricida! ¡Por el seno que abres por segunda vez y por el Mesías al que hieres, maldito seas!».
María Valtorta - Relato de la Pasión
No es un tema menor y podemos elucubrar muchas conclusiones al respecto, en particular el hecho de que el demonio debe haber dosificado, si se puede dosificar, el sufrimiento de Jesús para llevarlo a su máxima expresión sin por ello dar pie a la resignación y la inconsciencia que hubiesen atenuado en algo la Pasión.

Por otra parte, siguiendo este razonamiento es probable que en todo momento debe haberse presentado a Jesús la tentación de abandonar su Pasión y la certeza de que el solo pensar en ello hubiese sido suficiente para atenuar su dolor al instante. Esto hace a la Pasión más terrible todavía, ya que al peso de los dolores físicos hay que agregar el de la tortura psicológica.

Ya se que son elucubraciones bastante básicas, pero son mías y surgen del Vía Crucis, una devoción que hace mucho bien.