Les actualizo un poco, sin trabajo aún, felices a pesar de ello y descansando en el campo
Tal como estaba planeado, pasamos unos días en Córdoba para poner en condiciones la casa del campo Santa Faustina. Realizamos innumerables tareas que requieren tiempo y habilidades manuales: terminamos detalles de pintura, acomodamos barrales de cortinas y atendemos cuestiones como cocina, calefacción y mil cosas pequeñas que se hacen en minutos, pero que luego perduran.
El objetivo es que esta casa de Córdoba sea la casa para siempre; entretanto, los días pasan rápido con mucho trabajo físico y poco tiempo para lo intelectual. El escaso tiempo de monitor e internet lo dedicamos a la búsqueda de trabajo, aunque por ahora Dios no nos indica un destino claro. Estamos en sus manos y dispuestos a recibir lo que Él quiera enviar para que estas manos puedan mantener viva a nuestra familia.
Nos mudamos a Córdoba con Inés, Lucía y Agustín, mientras Tomás cuida la casa en Ataliva y Santiago continúa sus estudios en Esperanza. El gran objetivo es mantener el alquiler del departamento en Esperanza para que los chicos puedan terminar su universidad.
Esta semana coincidió con una pasantía de jóvenes católicos en un campo cercano, donde están Inés, Lucía y Agustín aprovechando el tiempo de oración, la vida al aire libre y la sagrada liturgia como Dios manda. Con Bárbara estamos estos días extrañamente solos, haciendo todo lo mencionado y aprovechando para disfrutar un poco de la vida de campo y descansar tras años de vivir separados, cuando yo solo viajaba los fines de semana entre Avellaneda y Ataliva.
La semana próxima me toca ir a Buenos Aires para entrevistas de trabajo y probablemente vaya solo, mientras Bárbara vuelve a Ataliva y prepara todo para la mudanza final de noviembre.
Les mantendré informados en otro resumen como este; como dije, es tiempo de mucho trabajo físico y poco intelectual, pero las vistas son increíbles.





