Entradas

Mostrando las entradas con la etiqueta árboles

Contra los árboles de Sunchales - Velocidad de reflejos

En la Municipalidad de sunchales están rápidos de reflejo, lo cuento en tres párrafos porque tiene tela.

Resulta que salí a correr la semana pasada y en mi recorrido pasé por uno de los recientes loteos que están extendiendo la ciudad hacia el sur. A la pasada pude percibir que se habían plantado algunos árboles nuevos en un espacio verde reservado.

Resulta que es una iniciativa para mejorar el decrépito arbolado urbano que se puede intuir en mi entrada anterior. Yo no conocía el proyecto y resulta que el próximo 29 de Agosto hay una nueva juntada para incluir nuevos árboles, les dejo opúsculo y referencias en la imagen por si alguno se quiere sumar.


¿Cómo me enteré? Resulta que algún lector, oscuro, anónimo y local envió mi poesía de ayer a la responsable de arbolado urbano de la Municipalidad. A través de alguno de mis contactos me llamaron y contaron que le había gustado y que de paso me invitaba a colaborar en la inicitativa en cuestión.

Destruyeron mi poesía y la hicieron realidad, que es lo peor que le puede pasar a una poesía (¡bendito espíritu práctico!). Ahora nos vemos obligados a asistir y plantar un pino en honor a CP.

Contra los árboles de Sunchales

Leía Nacimiento del aire con una nostalgia muy especial, por ser hoy Sunchales parte del último verso:

Mientras somos aquí,
el aire nace.

Y somos.


Lejos de aquí, ya no seremos

¿Por qué? Porque en Sunchales el aire de agosto no tiene aromos, ni pinos, ni álamos, menos lagunas con sus sauces; ni tan siquiera paja vizcachera donde refugiarse y oír. Lamentablemente Sunchales es tierra de tambos, de trabajo, de gringos que quieren cemento en todos lados. Pueblo que pasa mal el otoño debido a que las hojas de los pocos y fétidos fresnos que hay en la ciudad, intentan dejar sus marcas y hay que barrerlas.

En fin, que le vale poesía para esta nostalgia del árbol.

Hay un camino bien corto y la rutina
va de casa, con su siempre verde
y en quince minutos proto urbanos
llega a casuarinas incipientes.

En el camino casas bajas, cemento
restos de eucaliptos castigados
y a la vera del campo santo,
también algunos fresnos tristes y pelados.

Sunchales y sus árboles dan pena
pena del recuerdo de ese viento
viento del sur en los aromos
viento del sur, de Pillahuinco.

Lo que pudiera dar en este mundo
por caminar más una vez, joven
el bosque de álamos blancos de allá abajo
los ciruelos y los crata de caballos.

Eternos pinos, robles flacos
sauces, guindos y cerezos
cada uno con su viento y su reclamo
cada uno con su silbo y su reclamo.

El consuelo lo trae el club de rugby
con sus veinte pinos disruptivos
meten bulla en la cruel monotonía
de los árboles minables de Sunchales