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Tres temitas: la alegría del tradicionalismo, la peña, y una carta

Ayer pasaron estos tres temitas.

Primero esto que leía en "El Reino y otros ensayos" de RevistaENS que no se que mano mala puso y BORRÓ TODO EL HISTORICO lo pueden recuperar en Wayback Machine ens

Lo que digo es que ese tópico de la celebración de lo bueno debería de todas maneras ir acompañado de una alegría paradojal respecto de los males y de la degradación presente. Una alegría que nos ha sido mandada y que resulta final mente la contraseña para saber quién es quién y qué espera cada cual.

Cómo se hace para tener esa alegría, es cosa difícil de decir y de saber. Pero que esa alegría es al menos una, sino es ‘la’, puerta estrecha, no parece tener objeción.

Es un hecho el tópico de la alabanza de lo bueno pasado. Pero es un hecho también que esa alegría mandada no aparece casi por ningún lado, ni entre los conservadores, pero tampoco entre los tradicionalistas.

Y vuelvo a decir que si se ve algo parecido a la alegría, es más parecido a la complacencia por haber tenido razón en el diagnóstico respecto de la de gradación. Y no tanto (y en la mayoría de los casos, nada) respecto de lo que en realidad significa esa degradación, lo significado en esos términos, según aquellas palabras: “cuando vean que todo esto pasa, alégrense...”

Reflexiono que esto es algo que a mi me afecta: no hay alegría en mis compañeros de camino tradicionalista tradicional.

Benedicto XVI y el "Maranà, thà!"

Pasé por el Muro de Plank y me traje esto
Finalmente, un último punto que quizás parece un poco difícil para nosotros. San Pablo en la conclusión de su segunda Carta a los Corintios repite y pone en boca también a los Corintios una oración nacida en las primeras comunidades cristianas del área de Palestina: Maranà, thà! que literalmente significa "Señor nuestro, ¡ven!" (16,22). Era la oración de la primera comunidad cristiana, y también el último libro del Nuevo testamento, el Apocalipsis, se cierra con esta oración: "¡Señor, ven!". ¿Podemos rezar también nosotros así? Me parece que para nosotros hoy, en nuestra vida, en nuestro mundo, es difícil rezar sinceramente para que perezca este mundo, para que venga la nueva Jerusalén, para que venga el juicio último y el juez, Cristo. Creo que si no nos atrevemos a rezar sinceramente así por muchos motivos, sin embargo de una forma justa y correcta podemos también decir con los primeros cristianos: "¡Ven, Señor Jesús!". Ciertamente, no queremos que venga ahora el fin del mundo. Pero, por otra parte, queremos que termine este mundo injusto. También nosotros queremos que el mundo sea profundamente cambiado, que comience la civilización del amor, que llegue un mundo de justicia y de paz, sin violencia, sin hambre. Queremos todo esto: ¿y cómo podría suceder sin la presencia de Cristo? Sin la presencia de Cristo nunca llegará realmente un mundo justo y renovado. Y aunque de otra manera, totalmente y en profundidad, podemos y debemos decir también nosotros, con gran urgencia y en las circunstancias de nuestro tiempo: ¡Ven, Señor! Ven a tu mundo, en la forma que tu sabes. Ven donde hay injusticia y violencia. Ven a los campos de refugiados, en Darfur y en Kivu del norte, en tantos lugares del mundo. Ven donde domina la droga. Ven también entre esos ricos que te han olvidado, que viven solo para sí mismos. Ven donde eres desconocido. Ven a tu mundo y renueva el mundo de hoy. Ven también a nuestros corazones, ven y renueva nuestra vida, ven a nuestro corazón para que nosotros mismos podamos ser luz de Dios, presencia suya. En este sentido rezamos con san Pablo: ¿Maranà, thà! "¡Ven, Señor Jesús"!, y rezamos para que Cristo esté realmente presente hoy en nuestro mundo y lo renueve.
Me gustó mucho, es el último párrafo de la Audiencia General del miércoles 12 noviembre 2008 en la Plaza de San Pedro. Me doy el gusto de sólo ponerlo para que lo lean.