Adherimos plenamente
Por más que a ens no le guste, desde XavMP contra el faso.
31 de mayo de 2005
31 de mayo de 2005
Este es el blog de Inés, Santiago, Tomás, Lucía, Agustín, Bárbara y Javier Pincemin
“El Poderos ha hechos obras grandes por mí.” (Lc 1,49)
Lo propio del Espíritu Santo cuando entra en un corazón es echar de él toda tibieza. Él ama la prontitud, es enemigo de las dilaciones, de los retardos en la ejecución de la voluntad de Dios... “María...fue de prisa a la montaña”...(Lc 1,39)
¡Cuántas gracias llovieron sobre la casa de Zacarías cuando entró en ella María! Si Abrahán recibió tantas gracias por haber hospedado en su casa a los tres ángeles, ¡qué bendiciones caerían sobre la casa de Zacarías donde entró el “ángel del gran consejo”, la verdadera arca de la alianza, el profeta divino, Nuestro Señor recluido en el seno de María! Toda la casa se llenó de alegría: el niño saltó en el vientre de su madre, el padre recobró el habla, la madre fue llena del Espíritu Santo y recibió el don de profecía. Viendo a Nuestra Señora entrar en su casa, exclamó: “¿cómo es posible que la madre de mi Señor venga a visitarme?”(Lc 1, 43) ... Y María, escuchando lo que su prima le decía en alabanza suya, se humilló y daba gloria a Dios de todo. Confesando que toda su felicidad le venía de Dios “que ha mirado la humildad de su sierva,” entonando este bello y admirable cántico del Magnificat.
¡Cómo no estar colmados de alegría, también nosotros, cuando nos visita este divino Salvador en el Santísimo Sacramento, y también por las gracias interiores, las palabras que diariamente nos dirige en nuestro corazón.
Evangelio según San Marcos 10,32-45.
"Maestro, queremos que nos concedas lo que te vamos a pedir". El les respondió: "¿Qué quieren que haga por ustedes?". Ellos le dijeron: "Concédenos sentarnos uno a tu derecha y el otro a tu izquierda, cuando estés en tu gloria"
"...Al contrario, el que quiera ser grande, que se haga servidor de ustedes; y el que quiera ser el primero, que se haga servidor de todos. Porque el mismo Hijo del hombre no vino para ser servido, sino para servir y dar su vida en rescate por una multitud"
Después de comer, Jesús dijo a Simón Pedro: "Simón, hijo de Juan, ¿me amas más que estos?". El le respondió: "Sí, Señor, tú sabes que te quiero". Jesús le dijo: "Apacienta mis corderos". Le volvió a decir por segunda vez: "Simón, hijo de Juan, ¿me amas?". El le respondió: "Sí, Señor, sabes que te quiero". Jesús le dijo: "Apacienta mis ovejas". Le preguntó por tercera vez: "Simón, hijo de Juan, ¿me quieres?". Pedro se entristeció de que por tercera vez le preguntara si lo quería, y le dijo: "Señor, tú lo sabes todo; sabes que te quiero". Jesús le dijo: "Apacienta mis ovejas. Te aseguro que cuando eras joven, tú mismo te vestías e ibas a donde querías. Pero cuando seas viejo, extenderás tus brazos, y otro te atará y te llevará a donde no quieras". De esta manera, indicaba con qué muerte Pedro debía glorificar a Dios. Y después de hablar así, le dijo: "Sígueme".