Lecturas episcopales pandémicas con preguntas
Me tomé el trabajo de leer el mensaje de nuestro obispo:
FRENTE AL SUFRIMIENTO ES DONDE SE MIDE EL VALOR Y LA GRANDEZA DE UN PUEBLO
Suele ser lo propio de la vida madura, asumir con entereza el dolor, la tristeza, la desazón y
la muerte a la que está expuesta la <vulnerabilidad de la existencia humana>, más cuando abarca en estos momentos a la humanidad entera.
No creíamos que podíamos también hoy nosotros ver con nuestros propios ojos y escuchar sin consuelo, lo que hace un año parecían noticias lejanas de Europa y otros continentes sobre “gritos de médicos y enfermeras extenuados”, diciéndonos que lo que venía era algo difícil, como un monstruo grande que pisa fuerte dejando a su paso la muerte. Que distantes parecían aquellas imágenes de muertos apilados, enfermos en los pasillos de los hospitales, Terapias con sus camas agotadas, cajones de muertos apilados y un silencio que lo iba invadiendo todo cuando no hay repuesta, ni de la ciencia, ni de la economía, ni de la política, ni de lo que el mundo hasta ese momento se sentía tan satisfecho, seguro y cómodo en una sociedad de consumo.
Yo no lo quería escuchar ni creer ayer, de un sacerdote que había ido a hisoparse, dando positivo en el CoVid 19, en el Norte Santafesino, cuando relataba, el duro y tremendo momento de angustia, desorientación, cansancio y stress de los pocos a veces trabajadores Sanitarios, sin dormir ni dar abasto, con compasión queriendo salvar vidas pero que ya solo están en las manos de Dios.
Nos tenemos que dar cuenta que todos estamos en la <misma barca>, que no vamos a salvarnos solos, quedándonos encerrados en nuestras preocupaciones y necesidades, que son estos tiempos difíciles en los que debemos estar más unidos que nunca, sabiéndonos <escuchar>, dar una mano entre todos, donde es necesario que aparezca lo más profundo de nuestro corazón, llamado a respetarnos, querernos y confiar más los unos de los otros.
Siempre los tiempos <más difíciles se pueden convertir en oportunidades> para que aparezca lo mejor de cada uno de nosotros, porque sale a la luz la verdad más grande y profunda que hay en cada mujer y cada hombre, donde la <compasión>, el dejar lugar a los más vulnerables, el no perder la alegría y la cordialidad, resaltando <la bondad, la ternura y el encuentro>.
A la madurez de la existencia se llega cuando somos capaces de morir a nuestros < orgullos, pensamiento único, prepotencias y violencias> que solo dejan en la sociedad mucha tristeza y cada vez más codicia y menos diálogo.
Toda mujer y todo hombre de buena voluntad, sabe lo que es vivir con honestidad y de verdad, haciendo el bien, lo más importante para construir un país y un mundo nuevo desde la dura, pero también hermosa realidad que es vivir y amar.
Los creyentes cada uno desde su fe, buscando la fraternidad de un nueva humanidad, todos unidos y con esperanza, sin claudicar en la <verdad recibida>, hagamos de estos tiempos duros y difíciles donde una gran tormenta ha <ennochecido la tierra>, despuntar un <nuevo amanecer> donde todos tengan posibilidades, de vivir en familia, con trabajo, con educación, con salud, con respeto y misericordia por todos los hermanos.
+ Luis Alberto Fernández
Yo veo una serie de cosas muy importantes, notas comunes aplicables a este mensaje y a tantos otros que produce la Iglesia hodierna.
La primera, muy notable, es que nuestro obispo habla para todo el mundo y no especialmente para el pueblo fiel de la Diócesis de Rafaela. ¿Lo notan?
La muerte y la crisis de los sistemas de salud no tienen nada que ver con nuestras realidades preternaturales o con algo espiritual como la salvación de las almas, por lo menos en esta oportunidad.
Se llama con fervor a construir un nuevo amanecer, una nueva humanidad, un mundo nuevo, etc. como si Cristo no hubiese pasado entre nosotros y donde las verdades recibidas solo semejan una foto de tía Pancracia perdida en una cajón.
El objetivo de esta nueva realidad construida por el hombre es la "Madurez de la existencia", que no exige reparación ni demanda conversión y que garantiza salud, trabajo y educación.
Me llamó mucho la atención la anécdota que relata su Excelencia Reverendísima acerca de uno de sus sacerdotes con problemas, ignoro si adolece de falta de contacto con la realidad o transmite un genuino escepticismo acerca de una realidad cercana.
Nuestro pastor evita hablar de los temas espirituales y espinosos de esta situación de su rebaño: no hay menciones acerca de la moralidad de vacunas nacidas en la oscuridad, no hay comentarios acerca de la vuelta del Sacrificio del Altar, no pone la nota a las realidades actuales de tanta gente sin trabajo, no encara los mútliples problemas de depresión etc. Parece alejado del yugo que soportan tantos hombros en su Diocesis.
En fin, mucho para cocinar ("tiempo perdido" me susurran voces espirituales); mi único objetivo es que en algún lugar de este inframundo eléctrico alguien comparta una lectura como esta y recemos juntos frente al altar hogareño por la Salvación de las almas.
Me sirvo de la foto que ilustra https://diariolaopinion.com.ar


