O tempora o mores, nos encontramos en un momento muy especial, el progresismo tiene control absoluto de mentes y corazones; fiel a su divisa, apunta a extremos cada día más inverosímiles y va dejando en el camino a los mismos que ayer eran su punta de lanza. Miren como Piers Morgan, Elon Musk, Michel Onfray, Bill Maher, hasta Alain Finkelkraut y otros renombrados periodistas, ideólogos o filósofos de izquierda y para nada conservadores, se transforman en la última defensa moral del occidente. Están en franca rebeldía con el status quo y la cancelación, son los nuevos abanderados del sentido común.
La segunda reflexión es acerca de Richard Dawkins; no se si hace falta mayor evidencia para descalificarlo. Habla del cristianismo como la última plaga, pero está inhabilitado para ejercer del oficio que le da de comer cuando el objeto de la crítica es el islam. Increíble auto censura, la epítome de la cobardía, me gustaría que dijo sobre El discurso de Ratisbona,
De todos modos, yo no leo Richard Dawkins
Nota anodina adicional: este blog ha sido catalogado como dañino y malvado por las poderosas reglas de la comunidad de Google. ¡Tiemblen almas frágiles!
Tenía este texto en Feedly, pero no aparece más en su enlace original. Aprovecho que tengo un blog y que leí este artículo para reproducirlo acá.
La esjatología cristiana está forjada de dos piezas contrarias y correspondientes, que forman la historia sobrenatural del hombre: las fuerzas intrahistóricas que dependen de su albedrío y las intervenciones metahistóricas de los planes inconmovibles de Dios; aquí el Anticristo y la Parusía, como antes el Diluvio o la Redención. Esas dos piezas corresponden a la esencia creada del hombre: ni él se ha dado la vida ni la conserva con sus propias fuerzas; puede solamente orientar su movimiento incesante, la mano en el gobernalle, y aguijoneado desde fuera.
Leonardo Castellani, El Apokalypsis de San Juan, Excursus EG, pág. 150-151).
Es lo que hay
La sana filosofía pide que las realidades sean contempladas bajo distintos puntos de vista porque tienen una complejidad que hace imposible conocerlas enteramente bajo un sola mirada. En nuestros tiempos, es sabido, no existe el hábito de hacer estas distinciones, el camino más seguro para llegar a la verdad o al menos aproximarse a ella. La ausencia de este hábito es producto de la pérdida de objetividad nacida bajo los auspicios de las doctrinas racionalistas, la Reforma, el Romanticismo, el idealismo, la decadencia de la educación católica, por fin, que atesoraba la sana filosofía
¿Qué cosas pueden impedir el ejercicio correcto de la razón especulativa? Un error de observación inicial, ausencia de consecución entre causas y efectos, o la inversa, la atribución de causalidad a hechos inmediatamente previos a otros cuando no la hay, por ejemplo. El pensamiento filosófico que dio el esqueleto a la teología, por el contrario, es riguroso en las distinciones y las causalidades. Pero no solo es el rigor del encadenamiento de causas y efectos, también el sentido común que levanta la mano para quejarse cuando la lógica se empeña en seguir un camino férreo allí donde ciertos análisis tropiezan con la inconstancia del proceder humano e ignora o quita de entre los elementos de juicio las intervenciones de Quien supervisa la historia desde fuera de ella.
Es algo muy común en la observación de los hechos que más nos preocupan que no respetemos este método seguro. Seguir sin dudarlo el camino de aplicación a las cosas las consecuencias que se desprenden lógicamente de nuestro presupuesto “filosófico”, a veces inexistente como tal, una mera recolección de experiencias, juicios y prejuicios. Es necesario considerar las imposiciones de la realidad allí donde la materia de estudio es la conducta humana. La filosofía de Aristóteles y Santo Tomás parten de la observación de lo que se nos impone desde afuera, no meramente por la perseverancia en los propios principios u opiniones no debidamente certificados. Por eso, el pensamiento moderno necesita partir del reconocimiento de la existencia propia (como si no fuera evidente) para reconstruir el resto del universo. Un acto insano pero prestigioso. [1]
Este introito busca llamar la atención sobre el modo en que los modernos tenemos por costumbre opinar. Haciendo tábula rasa de todo lo preexistente y establecido como verdadero, sensato o aceptado por el sentido común. Un contagio de la rebelión contra la autoridad de los sabios y de la experiencia humana acrisolada por los siglos, la experiencia y el saber recibidos.
Qué tan modernos somos los “tradicionales”
Mucho más de lo que suponemos. Limitémoslo a los católicos más tradicionales para no abarcar un prisma muy amplio de matices. No es necesario aceptar los principios racionalistas para actuar muchas veces como tales. O los ideales románticos: están en el agua en la que nadamos y en el aire que respiramos. El esfuerzo más grande es depurar mente, imaginación, voluntad de estos vicios. Por múltiples motivos no lo hacemos o lo hacemos de un modo deficiente.
Hemos perdido el sentido de la autoridad, por herencia de las corrientes revolucionarias, con el agravante, entre otras causas, de que se ha debilitado el prestigio moral de quienes la ejercen en el fuero natural y el sobrenatural. Por designio divino, los inferiores hemos debido resistir al descalabro doctrinal y moral de los superiores. Somos perros que ladran mientras los pastores duermen y los príncipes están de juerga.
Aquí cabe distinguir si el inferior resiste al superior con su autoridad propia o con la de la Iglesia. Muchos católicos no entienden que se ha quebrado la cadena de mandos, en un sentido doctrinal, moral y tal vez también jurídico -pronto lo sabremos- y quienes tienen que ordenar producen el caos y la confusión. El primer reflejo de quien profesa la Fe, además de ser obligación, es defenderla cuando está amenazada. ¿Con qué autoridad? Con la de los superiores que han sido fieles a su misión, es decir, el Magisterio y la Tradición y Cristo en definitiva. No obliga esta defensa a resolver los enigmas de estos tiempos parusíacos o preparusíacos.[2] Resistir en la Fe no significa resolver los misterios de este tiempo de iniquidad, ni siquiera a la luz de las profecías canónicas, tarea ardua en la que se hacen progresos parciales en cada época.
Es decir, nuestras opiniones sobre cuan parusíacos son los signos de los tiempos pueden ser piadosas, acertadas en cierto modo, y probablemente incorrectas en sentido absoluto, a no ser que aparezca Nuestro Señor en gloria y majestad y nos de la razón.
Anticristo y anticristos
La presencia mediática de personajes cuyas ideas y acciones reflejan los objetivos del Nuevo Orden Mundial[3] no prueba sino eso: que adhieren a tales objetivos. Tal vez que financian experiencias o son agentes de este aún no totalmente definido organismo, el NOM, a cuyas relaciones internas solemos asignar una coherencia y concordia un tanto exageradas.
Mientras George Soros promueve determinados proyectos o Bill Gates expone públicamente (¡notable conspirador![4]) sus planes para reducir la población mundial “sobrante” por medio de vacunas, los transhumanistas nos quieren convertir en cyborgs, y Henry Kissinger, cabeza pensante de primer nivel de las fuerzas del NOM en los últimos 50 años, lamenta el retroceso que significa el resurgir de las fronteras por causa de la pandemia de la Covid-19 a la que tantos señalan como un instrumento de dominación para la venida del Anticristo. La Unión Europea se suspende en la práctica a causa del virus, cerrándose el paso mutuamente allí donde las fronteras habían desaparecido y mientras las naciones descubren las ventajas de no estar atados a un poder central supranacional. Los “progresos” del mal son una secuencia quebrada con espigas hacia arriba y hacia abajo, no una línea ascendente sin solución de continuidad.
Los seres humanos que integran este centro de poder que llamamos NOM pueden tener mentes perversas y objetivos demoníacos, pero no son ni omnipotentes ni absolutamente solidarios en sus acciones y objetivos inmediatos. Ciertamente sí muy poderosos, aunque nos podamos reír la fortaleza de su poder si se lo enfrenta a otros poderes, a los sobrenaturales, también debemos considerar tropiezas por causas humanas. Su objetivo está preternaturalmente inspirada, es la guerra permanente del Demonio contra la Iglesia y la civilización que ella ha creado. Esto explica la persistencia de la Contraiglesia durante siglos haciendo la guerra a la Iglesia. Pero sus miembros son humanos y limitados.
Cada una de estas mentes puede ser un profeta menor del Anticristo, y a su vez ser ellos mismos anticristos, de los cuales San Juan nos anuncia hay muchos y en todos los tiempos. [5] El autor del Apocalipsis, la Revelación que profetiza la historia de la Iglesia y anuncia la llegada del Anticristo en los últimos tiempos, el fin del tiempo, a su vez, en sus cartas avisa que no hay solo uno, sino muchos.
Con lo cual debemos tocar un punto que no nos hará ganar amigos pero parece necesario analizar: el peligro de derivar de la doctrina contrarrevolucionaria hacia una ideología con alto contenido conspiracionista.
Ideas, ideologías y verdades reveladas
Los grandes maestros contrarrevolucionarios han inculcado en quienes nos fuimos informando y formando con sus obras ciertos reflejos instintivos para reconocer lo que no es de Dios en el orden natural y sobrenatural. Este anticuerpo requiere de una combinación perfecta con la doctrina católica (porque los maestros no son infalibles pero el Magisterio sí) y además el ejercicio simultáneo de las virtudes morales y teologales. Tanto más asociadas estén estas cosas, más alertas y capaces seremos nosotros. Y más precavidos contra los engaños y autoengaños de las fuerzas presuntamente tradicionales que nos tientan con teorías que más de una vez forman parte del repertorio del NOM. [6]
Ningún dato de análisis puede prescindir del elemento sobrenatural a riesgo (más que riesgo, a certeza) de caer en una “esjatología natural”, al estilo de Orwell, Huxley y hasta cierto Chesterton en su inmadurez cristiana[7], así como los demás autores de las hora llamadas “distopías”. Los gurúes de las conspiraciones del Nuevo Orden Mundial, no pocas veces son parte de ese movimiento. Pretenden resolver la historia por simple deducción de acciones e inclusive, de intenciones de tales o cuales personajes siniestros. Pero sus conclusiones son tan oscuras como acertadas pueden ser ciertas informaciones que no saben contextualizar cristianamente.
No discuto cuán lejos se pueda llegar, sino que afirmo hay un límite puesto por Dios para detener a las creaturas que lo desafían y pretenden reemplazarlo. El transhumanismo, por ejemplo, pretende fundir todas las mentes en una “nube” de inteligencia artificial que uno de sus teóricos admite será el verdadero “dios”.
Otros aspiran a que el hombre desaparezca de la Creación porque es un virus que contamina “la naturaleza”. No hace falta recurrir a investigaciones profundas para descubrir personas que profesan estas ideas, las encontramos en nuestro barrio. Personas que siendo “buenas” y “solidarias” prefieren salvar la vida un perro antes que la de un ser humano. Eso es, como principio filosófico, una aberración demoníaca. Pero allí está el punto, no son siempre coherentes y lo que profesan no lo practican necesariamente.
Y siguiendo el principio que evoca la cita inicial, las pretensiones y las realidades son cosas distintas. Dios conoce el límite.
La Marca de la Bestia y la Marca de los justos
Si queremos ver la marca de la Bestia no hace falta buscar nanochips en el torrente sanguíneo: estas ideas son demoníacas y la gente prendada de las doctrinas del Hombre de Pecado sin haber oído nunca hablar de él ha caído en espantosa confusión. Claro que vendrá el Anticristo y todas las circunstancias que nos relatan las Escrituras. Tal vez muy pronto, tal vez tras el tiempo de paz (¿el Silencio de cómo media hora del Apocalipsis? [8]) que nos prometió la Virgen en Fátima. No pretendo justificar el temor que causa entre los católicos flojos (o sea nosotros) la llegada de este siniestro ser, a quienes los intérpretes más avisados consideran una persona, si bien que precedido y acompañado de un movimiento o colectivo de personas numerosísimo, gran parte de la humanidad. ¿Es éste ese tiempo? Se parece, aunque no tanto como para pensar que el descubridor de la vacuna contra la Covid-19, si acaso aparece, sea aclamado como tal. Las doctrinas del Anticristo se incuban ahora…
El sensus fidei, ese instinto de la Fe que tiene toda persona que vive en gracia de Dios, frecuenta los sacramentos, busca su perfección espiritual… también modera y da criterios de realidad para analizar los vaivenes de la historia. En esta tarea con frecuencia pecamos de orgullo, obstinación y arrogancia. Y de ignorancia casi siempre.
Asumiendo como propios todos estos pecados, aún así, me atrevo a invitar a la moderación, al cambio de hábitos de pensamiento. A reservarnos la opinión cuando poco o nada interesa al bien común. También en esto somos modernos y reclamamos “libertad de expresión”, una de las “libertades de perdición” de las que nos prevenían los papas en su tiempo.
¿Qué poder puede vencernos, si estamos protegidos por las certezas de la Fe, nutridos por la Esperanza y caldeados por la Caridad? Sobre esta fuerza, que es la inhabitación de Dios mismo Uno y Trino en nuestras almas, ¿cuál es el poder del Anticristo y de los anticristos, no digamos ya del Nuevo Orden Mundial? Solo el que nosotros le permitamos tener. La paciencia en las tribulaciones y la esperanza en las promesas de Cristo son el remedio. Lo opuesto es esa dupla de vicios de los que pedimos al Espíritu Santo nos libre: la presunción y la desesperación. Con esta convicción salgo a la calle con barbijo[9] todos los días, cuidándome de que mientras lo acomodo no me lleve puesto un Scania en contramano y a gran velocidad. Que puede llegar siempre, como el ladrón de la comparación evangélica, cuando nadie lo espera. Nuestra Parusía personal.
En tanto pidamos al Espíritu Santo, mientras esperamos su venida, que obre en nosotros como se pide en esta secuencia de su fiesta litúrgica.
Notas
[1] El principio de (no)contradicción de la filosofía clásica afirma que ninguna cosa puede ser y no ser al mismo tiempo y bajo el mismo aspecto. Esta condición, “al mismo tiempo y bajo el mismo aspecto” nos libera de la sospecha de relativismo cuando afirmamos que las realidades son complejas y tienen distintos puntos de análisis.
[2] Cabe recordar la distinción entre tiempos “apocalípticos” y tiempos “parusíacos”. Estamos en los primeros desde la Resurrección de Nuestro Señor. Y muchos santos, inclusive obrando milagros como prueba, han querido demostrar que había llegado la Parusía, la Segunda Venida de Nuestro Señor, señalando a distintos personajes históricos como “el Anticristo”. O se equivocaron o el tiempo del Anticristo está sujeto a cierta condicionalidad, como la Segunda Guerra Mundial o el castigo del “tercer secreto” de Fátima, todavía no enteramente conocido .
[3] Insisto en utilizar la sigla del llamado Nuevo Orden Mundial por comodidad expositiva, no porque crea que existe una organización denominada así. Lo que define este nombre es una convergencia de fuerzas, no necesariamente solidarias entre sí en todas sus acciones, que buscan empujar a las naciones a los objetivos masónicos. Y el Magisterio nos ha enseñado que la Masonería es la ContraIglesia.
[4] Con esta expresión quiero decir que más que un conspirador, que debería ocultar sus propósitos, es un “educador”, un sembrador de ideas y financiador de proyectos, nunca se sabe qué tan atinados.
[6] El neoconservadurismo, los ideales “libertarios”, corrientes místicas falsas…
[7] Me refiero tanto al optimismo de Ortodoxia como a sus novelas de final menos feliz, como El Hombre que fue Jueves, La Esfera y la Cruz e inclusive Hombrevida.
[8] Me parece verosímil, a la luz de Fátima que “actualiza” hechos del Apocalipsis, que el “tiempo de paz” sea el “silencio como de media hora” “Y cuando abrió el séptimo sello, se hizo en el cielo un silencio como de media hora” Apoc VIII,1. Esto ocurre después de que se manda sellar la frente de los justos para que los ángeles no los dañen al soltar sus castigos: “No hagáis daño a la tierra, ni al mar, ni a los árboles, hasta que hayamos sellado a los siervos de nuestro Dios en sus frentes”. Apoc. VII, 3.
[9] No termino de comprender a quienes no quieren usar el barbijo según las normas médicas recomendadas. Lo cierto es que es un recurso que atenúa las posibilidades de contagio de cualquier virus que entre por las mucosas de boca y nariz. En países muy castigados por la gripe se utilizan durante la época de mayor virulencia, y aun si la contagiosidad de la Covid-19 no fuera tan alta, nos protegería de la gripe común allí donde la gente se amontone.
Tenía este librito de 170 páginas en la lista de pendientes. Admito que no lo encaré con muchas ilusiones; desconocía al autor y su derrotero, solo hace unos años había destacado algo de él en este sumidero https://xavmp.blogspot.com/2009/02/de-la-debilidad-de-dios.html,
Empecinado a dar fin a la biblioteca de papel que me sigue desde hace 20 años, me puse manos a la obra y descubrí un cúmulo de reflexiones muy interesantes y con un enfoque muy personal del autor; se dedica a hacer foco en la formación personal del lector, de un lector principalmente joven y en camino de descubrir su vocación.
Me gustaría que lo lean mis hijos adolescentes, les sería de mucho provecho, pero son una generación poco-lectora.
Vean que tentador el índice:
Sobre la alegría del corazón
Sobre la veracidad de la palabra
Sobre el dar y el recibir; el hogar y la hospitalidad