24 de julio de 2008

República Federal vs Democracia Totalitaria

Primero un pequeño extracto:
Supongamos por un momento que el proyecto del gobierno no estuviera viciado de inconstitucionalidad, que los diputados y senadores no sufrieran presiones y chantajes por parte del Ejecutivo, que la Corte, en un eventual fallo posterior, convalidara como legítima la Resolución 125 y que lo mismo sucediera con un hipotético fallo de un tribunal internacional. ¿Qué instancia de reclamo le quedaría al campo? Ninguna. Y lo peor es que no se podrían alegar vicios en los procedimientos formales de aprobación de la ley. ¿Cuál es el origen de este problema? La confusión entre la noción tradicional de república y la adopción de una forma partitocrática y totalitaria de democracia. En nuestra tradición política, como fruto de los diversos pactos interprovinciales y sobre todo del Pacto Federal de 1831, quedó consagrado como régimen político el republicano y federal
Y después un enlace completo a un artículo muy interesante que me pasó Fernando Romero Moreno que se adapta además de una manera muy armoniosa con mis lecturas actuales.

Lean

5 comentarios:

  1. Entiendo el planteo general y, globalmente, lo comparto. No obstante creo que la enormidad y la profundidad de los temas tratados atentan contra claridad de un texto tan corto. Es por esa razón que me parece que hay algunas cuestiones simplificadas que creo que son mucho más complejas.

    Aclarado eso, y dentro de los millones de matices que se podrían indicar, quiero ofrecer un punto de vista distinto en una cuestión y matizar algunas otras.

    En primer lugar creo que ninguna constitución ni texto legal puede ni debe hacer mención a la Ley Natural y, menos aún, a la Ley Eterna (más allá de que, efectivamente, se deban fundar en ellas). Esto porque ningún legislador tiene potestad alguna para imperar en ese rubro en tanto la fundada no puede disponer la aplicación de la fundante. Desde el punto de vista práctico y pedagógico de la ley (que son funciones también de la ley positiva) lleva, incluso, a una notable confusión: si forma parte de la ley puede ser reformada y quitada su mención.

    Eso en cuanto a la objeción particular.

    En general (y como matices) creo que hay que distinguir algunas cuestiones.

    Un cuadro de situación se plantearía dentro del cumplimiento de la constitución (tal cual está) y sería notablemente mejor a la situación actual. Es decir, el mamarracho institucional que vive el país no sería tal si se cumpliera la constitución que hoy tenemos. Hay que distinguir la legitimidad de origen y la de ejercicio. El problema aquí está, sobretodo, en el ejercicio. La mejor constitución del mundo (si es que tal cosa existiera) no serviría de nada con estos actores.

    El problema de los cuerpos intermedios en nuestro país creo que tiene un condimento extra. Sin entrar en polémicas histórico-políticas la realidad es que Perón las quiso vivificar pero, como termina ocurriendo con todos los modelos socialistas, lo quiso hacer desde el estado y, por tanto, lo politizó. El sindicalismo, los colegios profesionales, etc. han perdido su esencia de cuerpos intermedios (porque estan netamente politizados) pero ocupan el lugar de los que tendrían que ser los verdaderos.

    Son mucho los puntos pero, en definitiva, no creo que sea cuestión de cambiar el telón, hay que cambiar también (y primero) los actores.

    Mis respetos para Fernando.

    Natalio

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  2. Estimado Natalio:

    Gracias por el comentario, con el cual estoy de acuerdo en líneas generales. Algunas aclaraciones:

    1) Lo que yo digo es que en el régimen político debe estar "reconocida" la ley natural y divina. De ese modo, la mención obliga al Estado a subordinarse a dicha ley, pero no lo habilita para interpretarla. Eso, si el Estado es católico, le corresponde a la Iglesia. Así por ej. cuando Carlos V tuvo dudas acerca de la licitud de la Conquista de América - único caso que conozco de un Imperio que se autocuestiona - convocó a teólogos y juristas para que lo asesoraran, lo que terminó en las famosas Juntas de Valladolid en las que se enfrentaron las tesis de Ginés de Sepúlveda con las de Bartolomé de las Casas, a la vez que seguían influyendo en la Corona las enseñanzas sobre el tema de Francisco de Vitoria. El Emperador gobernaba y procuraba hacerlo conforme a la ley natural. Ante una "quaestio disputata", recurría a quienes tenían conocimiento de eso. De allí que la filosofía política tradicional distinga entre "potestas" (poder político) y "auctoritas" (saber socialmente reconocido).

    2) Es cierto que un mero cambio "formal" - pasar de un régimen partitocrático a uno corporativo - no soluciona las cosas. Por eso habrá que seguir insistiendo en la prioridad del cambio personal por sobre el institucional. Y de hecho yo me referí a ese peligro en un artículo más largo sobre esta cuestión, publicado en el Diario de Filosofía del Derecho de "El Derecho" el 15 de diciembre de 2006. Por eso quienes nos consideramos tradicionalistas solemos decir que los cambios más duraderos vienen por el lado de las reformas más que por las revoluciones violentas. De todos modos, algo que saco como experiencia de este conflicto con el campo es cómo el cambio de roles obliga, en ocasiones, a modificar el modo de actuar. El ejemplo de Buzzi es claro: mientras la defensa de los intereses de la FAA se movieron en el plano de la alianza con la partitocracia, coqueteó con planteos ideológicos de izquierda. Pero cuando las cosas se complicaron y tuvo que defender "intereses concretos", lo hizo muy bien. Nadie sabe si eso respondió a un cambio de ideas o a una cuestión táctica, pero lo cierto es que la representación de su sector lo obligó a una actuación acorde con los deseos e intereses de sus representados. El mandato imperativo y una representación institucionalizada ante el poder político obligaría a darle un marco juridico más claro y seguro a esto.

    3) No hay que confundir corporaciones legítimas con corporaciones politizadas. En la Argentina, a partir de los años 30, se intentó darle una mayor participación a las corporaciones (intermedias o no) en la elaboración de las políticas públicas. Me refiero a la Iglesia, las Fuerzas Armadas y los Sindicatos, principalmente. Pero al confundir gobierno con representación (por influencia fascista) se distorsionó esa representación legítima. Así tuvimos la "Patria militar", la "Patria sindical" y la "Patria financiera". Las intenciones de muchos que intentaron reformar la representación individualista por una corporativa (por ej. Carlos Ibarguren durante el gobierno de Uriburu) eran sanísimas, pero adolecían de ese defecto. Con el peronismo sucedió lo mismo, a lo que hay que agregar el maquiavelismo y la demagogia de Perón. El líder justicialista tiene el mérito de haber "nacionalizado" los sindicatos, quitándoles el carácter marxista o anarquista que tenían hasta ese momento. Y cierta politización circunstancial pudo haber estado justificada, frente al poder inmenso de la partidocracia y de la oligarquía liberal. Pero de una situación circunstancial Perón tomó excusa para "peronizar" los gremios y ese problema aún lo estamos pagando (tampoco se trata de "democratizarlos" al estilo alfonsinista). Con el problema de que Menem - por contraposición -prácticamente anuló el poder sindical, lo que ha llevado paulatinamente a una nueva izquierdizacion de rebote (CTA - CGT línea Moyano). Además el peronismo nunca comprendió que la manera de eliminar una oligarquía es favoreciendo la formación de una aristocracia y no mediante el populismo y la demagogia. Y además, finalmente - corrupción dirigencial mediante - el justicialismo devino "pejotismo", es decir un elemento más - y con mucho poder - del régimen partitocrático.

    4) La idea tradicional de representación se perdió entre nosotros en el siglo XVIII. Fue rescatada con claridad de doctrina por el pensamiento carlista en España, pero eso influyó sólo parcialmente en el nacionalismo argentino (que es la corriente política mas comprometida con la defensa de la representación corporativa en nuestro país). Y confundir la representación tradicional (corporaciones libres y mandato imperativo) con la representación fascista (corporaciones politizadas y mandato general) es algo grave. Creo que replanter esto en nuestro país requiere pues, de muchas aclaraciones. Pero entiendo que esta doctrina - frente a las teorías individualistas o totalitarias de la representación - es lo mejor. Recomiendo leer en este sentido a pensadores como Aparisi y Guijarro, Vazquez de Mella, Galvao de Souza, Elías de Tejada, Rafael Gambra y Gonzalo Fernandez de la Mora

    Fernando Romero Moreno

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  3. Algo más sobre el "cambio de roles":
    Buzzi acaba de volver a alabar a Chávez y Fidel Castro, hablando de la posibilidad de armar un "frente progresista" en serio. Lo que dije: en el marco de la representación gremial, actúa bien. Pero ahora se mete en politica - lo que no le corresponde si pretende seguir siendo el referente de una entidad intermedia - y mete la pata. Lo mismo que si alguno de la Sociedad Rural propusiera ahora formar un frente "de centro" (liberal- conservador) con Macri y cía...

    Fernando Romero Moreno

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  4. Estimado Fernando:

    En los puntos 2 y 3 estamos de acuerdo. Más allá de las referencias particulares era justamente a eso a lo que me refería.

    Con relación al punto 1, si bien creo que pensamos lo mismo, haría algunas distinciones sin ánimo de polemizar y sólo para aprovechar un lindo tema y un lindo espacio para charlar.

    La Ley Divina no puede ser interpretada en tanto no puede ser conocida (salvo para los bienaventurados) con excepción de sus efectos o su participación en la creatura racional (ley natural). Es decir, la que se interpreta (o no) es sólo la ley natural.

    La "interpretación" de la ley natural no existe a nivel de los principios en tanto los mismos son autoevidentes (a traves de la sindéresis). En cuanto a la "interpretación" (en un sentido amplio de la palabra) de la ley natural (quitando la esfera moral específica que no es objeto del derecho) se realiza por conclusión o por determinación por medio de la ley civil (que corresponde en su creación e interpretación a la autoridad civil). Es decir, la Iglesia sólo "interpreta" la ley natural en materia moral (aunque pueda denunciar la existencia de leyes civiles injustas).

    Los hombres de la Iglesia contestan (y eran referentes hasta entrado el siglo XIX) porque en ellos se concentraba el saber universal. Incluso los hombres de la Iglesia cuando actúan como árbitros de cuestiones (como los papas en materia internacional) no lo hacen como "Iglesia" o magisterialmente, sino simplemente como "intérpretes objetivos".

    La ley natural debe fundar la ley civil con independencia de que se trate de un estado católico, musulmán, ateo o lo que fuera. La ley civil, fuera de la ley natural, no es ley en sentido estricto. Por esa razón tampoco es buena la referencia en la legislación a la ley natural (extremando la analogía el código penal no necesita citar la constitución como fundamento, sin embargo, la cite o no es inconstitucional o ilegal todo aquello en lo que la contradiga).

    Reitero mis respetos.

    Natalio

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  5. Bueno, de acuerdo, lo fundamental es que el orden jurídico respete la ley natural, pero no me parece imprudente ni malo que se la mencione, sobre todo en estos tiempos de relativismo.

    En cuanto a la Ley Divina, me refiero a la revelada y que está más allá de la ley natural (por ej. la Realeza Social de Jesucristo), que el Estado no puede imponer (pues se trata de algo de Fe) pero sí reconocer.

    Eso es lo que quiero decir cuando afirmo que el orden jurídico y político debe respetar tanto la ley natural como la ley divino- positiva, o como decía Sacheri, ser un orden jurídico- político natural y cristiano

    Fernando Romero Moreno

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